Parnaso Filipino by Eduardo Martin de la Camara


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Page 112

[Nota 39: Don Fray Miguel de Benavides, primer Obispo de Nueva
Segovia y luego metropolitano de Manila (1540-1605). Fund� la
provincia dominicana del Sant�simo Rosario de Filipinas y al Colegio
de Santo Tom�s base de la futura Universidad. Su estatua se levant�
frente a �sta.]

�Y la verdad, lo mismo
que Dios, que impone su invariable ruta,
tendi� al justificado despotismo
de ser verdad, que es una y absoluta!

Verdad sencilla y m�ltiple: compendio
de las eternas �nsias de las gentes:
universal y silencioso incendio,
que baja sobre todas las conciencias
para encender en las insignes frentes
la llama inextinguible de las ciencias!

La llama ardi�. Su luz, que fu� de aurora,
que se abriese en el cielo de verano,
llen� el hogar, como una salvadora
consagraci�n del pensamiento humano;

Y aparecieron hombres celebrados
de ciencia y de virtud, sobresalientes
en todos los eternos postulados
de la moderna ciencia. Almas creyentes
que se iniciaron en los santos ritos
y con la f� que la visi�n expande,
supieron los arcanos infinitos
de la divinidad tres veces grande!

�Oh virtud de la f�! La ciencia incr�dula
tambi�n tiene su f�, la f� potente
del microscopio. Insignes compatriotas
violaron los secretos de la c�lula
por el milagro insigne de la lente;
e hicieron con los mudos caracteres
de la materia, en concentradas gotas,
la esencia de la vida de los seres.

Otros buscaron en el cuerpo inerte
la causa eterna del dolor humano,
y con el bistur� sobre la herida
arrebatar supieron de la muerte,
vibr�ndolas en triunfo entre la mano,
las palmas victoriosas de la Vida...!

III

Pronto anidaron en aquellas almas,
presas bajo inquietas pesadumbres,
anhelos como antojos iniciales;
pronto gimieron las nativas palmas
al soplo que tra�a de las cumbres
el polen de fecundos ideales.

Pronto la hoz del nuevo pensamiento,
a golpes de cerebro hac�a mella
en la ra�z de instituciones rancias;
y pronto sucedi� el derrumbamiento
al tajo vengador de la centella,
que incubaron las mismas circunstancias.

En medio de los rudos episodios
del despertar de aquellas multitudes
vieron pasar las familiares glebas,
sobre el torrente de encontrados odios,
la racha formidable de virtudes,
la tempestad de las ideas nuevas.

Y sobre el mar del popular tumulto,
en la corriente de furor insano,
como reliquia de inviolable culto,
flotaba el arca del saber humano.

Fu� menester el trasponer la orilla
de aquella charca de corrupto lodo,
aniquilar y abandonarlo todo,
tener las manos limpias de mancilla
y no lavarse nada en la conciencia
sino el tesoro santo de la ciencia.

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Books | Photos | Paul Mutton | Sun 22nd Feb 2026, 22:51