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Page 113
Tres siglos han pasado. �Tres centurias
que desataron las tremendas furias
de condensadas iras en sufragio
del alma popular! Viejos prestigios
cayeron con los �ltimos vestigios
despu�s de aquel providencial naufragio.
Y dijo entonces Dios: "Pondr� en la altura
mi arco en se�al de la perpetua alianza
entre vosotros". Y brill� en los cielos
el signo de los tiempos que inaugura
la era anunciada de la nueva gracia;
arco de triunfo bajo el cual avanza
la humanidad con todos sus anhelos;
el gran iris social: la democracia!
Iris de nuestras �pocas triunfales,
nuncio de un bello porvenir, que arranca
de su fecundo seno hecho de amores
la plenitud de todos los ideales,
como se funde en una luz--la blanca--
la hermosa variedad de los colores.
Tres siglos han pasado. Espesa hiedra
veo cubrir el c�mulo de escombros
que han apilado los pasados a�os;
y veo levantar la enorme piedra
del porvenir los esforzados hombros
llenos de f�, de propios y de extra�os.
Hac�nense a la luz de los crep�sculos
y exc�telos el nervio de mis versos,
como en un haz de contra�dos m�sculos,
esos sumandos de vigor dispersos:
que antes que nuestra fuerza, que hoy se agosta,
en m�tuas desconfianzas se consuma,
la patria necesita, a toda costa,
fundar el porvenir sobre la suma
de todos los esfuerzos.
Escarbemos
la tierra inculta como unidos potros,
y bienvenidos sean los supremos
y francos sacrificios de los otros:
porque en el campo inmenso de la Historia
y en la vasta expansi�n de sus periodos
hay tiempo y hay lugar para la gloria,
para la gloria, por igual, de todos.
IV
Y t�, hijo y sucesor de Benavides,
llegado en pleno siglo iconoclasta,
que participas como el viejo Alcides
de la verdad de tu divina casta:
Sigue esparciendo con la ungida diestra
las luminosas gracias de tus cruces,
y en el �nico ideal que el pueblo abraza
por obra y gracia de la ciencia vuestra,
se har�, al amor de redentoras luces,
la transfiguraci�n de nuestra raza.
Entonces, de la c�spide mas alta
de los grandes ensue�os que acaricia
la juventud, que tu labor exalta,
habr� de bendecirte... Y si hace falta
la misma humanidad te har� justicia.
Diciembre, 1911.
Vald�s Pica (Alejo)
Naci� en Quiapo, barrio de Manila, el 3 de Noviembre de 1890. Sus
padres le trajeron a Espa�a en 1897, y en varios institutos de
Barcelona curs� el bachillerato. Vuelto a Filipinas a los 18 a�os, e
hijo de m�dico, estudi� medicina tres a�os. Es ahora capit�n de
constabularios al servicio de los Estados Unidos. Luce como buen
esgrimista y apasionado de la m�sica. Comenz� a versificar (1914) en
la revista "Alma Moderna". Por el poeta en que cree y a quien sigue,
le nombran "el Villaespesa filipino". Ha publicado: en verso, _Electa_
(1915) e _Intimas_ (1919); y en prosa, _Breviario de amor_ y
_Sinceridades_.
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