Parnaso Filipino by Eduardo Martin de la Camara


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Page 85

�Son las �guilas blancas! Son las �guilas blancas y fuertes,
cuyo vuelo se expande bajo el palio divino del cielo,
y en el largo vibrar de sus alas rampantes
se adivinan las notas que componen los himnos de gloria.

Un deshoje de soles heraldiza la aurora que llega
para hacer que germinen las semillas dispersas en un polvo de siglos,
las semillas dispersas con la sangre y la carne de los Conquistadores
que sirvieron de abono a la idea suprema de fundir continentes.

Son las �guilas blancas que decoran sus picos con el ramo de oliva,
las lib�rrimas �guilas que con un aletazo desaf�an al trueno,
pero que al presentir el deshielo constante de las nieves del Norte,
abandonan los Andes por el nido que Espa�a les conserva caliente
en la cumbre soberbia del natal Pirineo.

II

Ha caido Cartago. Ha caido la Roma de los c�nsules, Grecia
se anquilosa en la vida de sus piedras heladas.
Toda gloria mundana se sepulta en la sima del Espacio infinito
por la acci�n corrosiva de las Horas en pos de las Horas.
Pese al Tiempo que roe y a la Envidia que seca,
y a los odios terrenos que al olvido condenan fraternales abrazos,
en el noble plum�n de las �guilas blancas
hay el sello latino de una estirpe por algo elegida,
que ni es Roma ni es Grecia; ni es Cartago ni es N�nive,
es Iberia... y es Dios!

III

Es el tiempo propicio de segar las espigas doradas
que en ya pr�ximos d�as, formar�n las hogazas del mortal sacrificio.
En la �urea patena, y formado con trigos de Am�rica,
yazga el pan de la Misa sobre el c�liz te�ido con la sangre de Espa�a.

Pueblos fuertes, robustos, hincar�n las rodillas en tierra,
ante el hondo milagro del amor que las almas auna
en la el�ptica curva de la breve existencia.
Es el tiempo oportuno de coger y exprimir los racimos
cosechados enmedio del fragor de sociales contiendas,
en el dulce sosiego de la huerta nativa,
al amparo sol�cito de la madre Esperanza.

Esto anuncian las �guilas con su ramo de paz en el pico
y la Muerte--su presa--en las garras.

IV

N�tidas cl�usulas �picas: f�lgidas ondas triunfales,
todo un himno glorioso van trazando las �guilas,
a golpes de hurac�n, al cruzar los espacios suspensos
en un �xtasis �nico. Viejas trompas se limpian de su herrumbre de
siglos,
viejas arcas se abren, donde el tiempo juntara en revueltas mara�as,
con provectos armi�os las guedejas doradas de infantiles cabezas;
los aceros de guerra, en el ignoto crisol del Amor, hoy se funden
para hacer los arados que abrir�n las entra�as de la f�rtil llanura,
y al llover el sudor de las frentes hermanas,
granar�n las espigas de los trigos del Mundo
que ser�n los de Hispania...!

V

�Salve fraternas rep�blicas! �Pueblos de Am�rica, Salve!
porque cerca est� el tiempo en que el sol no se ponga en los vastos
dominios
que a trav�s de milenios a�n perciben la voz del gentil Romancero
y muelen su grano de ensue�os e ideas en los rudos Molinos de
Cervantes.
Porque cerca est� el d�a de borrar horizontes, la Distancia y el
Tiempo,
y el esp�ritu libre de opresores cadenas y erg�stulas,
ya podr� remontarse en id�ntico azul bajo todos los cielos,
que ser�n uno solo para todo el Imperio y los mares,
y los pechos unidos en un grito que escuchen las edades remotas
har�n a Don Quijote, Emperador...

VI

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Books | Photos | Paul Mutton | Fri 20th Feb 2026, 12:24