Parnaso Filipino by Eduardo Martin de la Camara


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Page 63

�De que sirve que cubran tus campos tantas flores,
que en tus selvas se oiga al p�jaro trinar,
si el aire que trasporta sus cantos, sus olores,
en alas tambi�n lleva quejidos y clamores
que el alma sobrecogen y al hombre hacen pensar?

�De qu� sirve que, perla de virginal pureza,
luzcas en tu blancura la riqueza oriental,
si toda tu hermosura, si toda tu belleza,
en mort�feros hierros de sin igual dureza
engastan los tiranos, goz�ndose en tu mal?

�De qu� sirve que asombre tu exuberante suelo,
produciendo sabrosos frutos y frutos mil,
si al fin cuanto cobija tu esplendoroso cielo
el hispano declara que es suyo y sin recelo
su _derecho_ proclama con insolencia vil?

Mas el silencio acaba y la senil paciencia,
que la hora ya ha sonada de combatir por ti.
Para aplastar sin miedo, de frente, sin clemencia,
la sierpe que envenena tu m�sera existencia,
arrastrando la muerte, nos tienes, patria, aqu�.

La madre idolatrada, la esposa que adoramos,
el hijo que es pedazo de nuestro coraz�n,
por defender tu causa todo lo abandonamos:
esperanzas y amores, la dicha que anhelamos,
todos nuestros ensue�os, toda nuestra ilusi�n.

Surgen de todas partes los h�roes por encanto,
en sacro amor ardiendo, radiantes de virtud;
hasta morir no cejan, y espiran. Entre tanto
que fervientes pronuncian, patria, tu nombre santo;
su �ltimo aliento exhalan dese�ndote salud.

Y as�, cual las estrellas del cielo numerosas,
por t� se sacrifican mil vidas sin dolor:
y al oir de los combates las cargas horrorosas
rogando porque vuelvan tus huestes victoriosas
oran ni�os, mujeres y ancianos con fervor.

Con sa�a que horroriza, indecibles torturas,--
porque tanto te amaron y desearon tu bien,--
cuantos m�rtires sufren; m�s en sus almas puras
te bendicen en medio de angustias y amarguras
y, si les dan la muerte, bendicente tambi�n.

No importa que sucumban a cientos, a millones,
tus hijos en lucha tremenda y desigual
y su preciosa sangre se vierta y forme mares:
no importa, si defienden a t� y a sus hogares,
si por luchar perecen, su destino fatal.

No importa que suframos destierros y prisiones,
tormentos infernales con salvaje furor;
ante el altar sagrado que en nuestras corazones
juntos te hemos alzado, sin mancha de pasiones,
juramentos te hicieron el alma y el honor.

Si al terminar la lucha con laureles de gloria
nuestra obra y sacrificios corona el triunfo al fin,
las edades futuras har�n de t� memoria;
y reina de esplendores, sin manchas ya ni escoria,
te admirar�n los pueblos del mundo en el conf�n.

Ya en tu cielo brillando el claro y nuevo d�a,
respirando venturas, amor y libertad,
de los que ca�do hubieren en la noche sombr�a
no te olvides, que aun bajo la humilde tumba fr�a
se sentir�n felices por tu felicidad.

Pero si la victoria favorece al hispano
y adversa te es la suerte en la actual ocasi�n,
no importa: seguiremos llam�ndonos "hermano",
que habr� libertadores mientras haya tirano,
la f� vivir� mientras palpite el coraz�n.

Y la labor penosa en la calma aparente
que al hurac�n precede y volver� a bramar,
con la tarea siguiendo m�s firme, m�s prudente,
provocar� otra lucha aun m�s tenaz y ardiente
hasta que consigamos tus l�grimas secar.

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Books | Photos | Paul Mutton | Wed 18th Feb 2026, 17:14