Parnaso Filipino by Eduardo Martin de la Camara


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Page 46

Y han cre�do que era un beso muy cercano
el suspiro de tus flores estelares,
y han gritado: "�Ya, ya viene el beso hermano
a la herida que han abierto los pesares!"

Por t�, todo: por la gloria de tu esencia,
por tus hojas que alcatifan nuestra ruta,
por tu sombra, donde es buena la existencia
y pensamos que no es todo fuerza bruta.

Danos siempre con tu olor de primavera
un anhelo de ser libres como el viento,
que sacude tu fragante cabellera
y emborracha nuestra vida con su aliento.

_Ilang-ilang_ de los huertos filipinos
a que el alma de mis c�nticos se abraza;
s� t� el �rbol de verdores matutinos
que perfume las tristezas de mi raza.

Septiembre, 1909.


EL DOLOR DE LAS CUARTILLAS V�RGENES

Qued� sin nada en la mesa la inmaculada cuartilla,
y yo me d� en pensar hondo pidiendo una maravilla
a la luz chisporroteante de una candela amarilla
de pena... Qued� sin nada la inmaculada cuartilla.

Yo quise llenar el pliego, casto por sus resplandores,
de mis locuras de ni�o, de mis risas y dolores,
del aroma inolvidado de no s� qu� santas flores,
y as� convertir el pliego en libro de mis amores.

Era la noche de luna. Fuera dec�an los vientos
el suspiro milenario de sus pl�cidos lamentos.
En mi frente hab�a un loco florecer de pensamientos
y de tristezas nocturnas... �Fuera lloraban los vientos!

Mis pobres quimeras iban rotas en el torbellino;
mis pies no ten�an rumbo, ni mi esp�ritu destino;
pero all� lejos un ni�o, un ni�o ciego y divino,
me disparaba una flecha y me ense�aba el camino.

Tom� la pluma. En mi mano hubo temblores febriles,
miedo de no encarnar nunca en las palabras sutiles
la voz de mi vida; el miedo de un _beb�_ de cuatro abriles
a las brujas y los duendes de los cuentos infantiles.

�Qu� escribir? �Qu� pensamientos consignar en aquel trozo
de papel? �Mis ilusiones? �La hora triste o la del gozo?
Mir� dentro de mi vida y mi vida era un destrozo;
mir� fuera, y desde fuera lleg� a m� un hondo sollozo.

Solt� el c�lamo. Mi vida no me daba la respuesta;
no hab�a una flor en toda la inmensidad de la cuesta;
mi fatiga siempre grande, la carga siempre molesta,
y en el aire ni el susurro de la m�s leve respuesta.

�Qu� escribir...? La tinta obscura del tintero era tristeza;
tristeza el silencio augusto de la gran Naturaleza,
y en medio de este dualismo de dolor y de aspereza,
se mor�a lo m�s triste de lo triste: mi cabeza.

Qued� sin nada en la mesa la cuartilla inmaculada.
Hund� en las manos mi frente ardorosa y quebrantada;
ped� al p�bilo amarillo la lumbre de una mirada,
y en el fondo de mi vida no hubo nada, nada... nada.

�Oh vac�o de las almas...! �Oh negras horas tediosas
en que no hay para las manos que tiemblan divinas rosas,
ni para los ojos tristes un vuelo de mariposas
novias del sol...! �Oh infinita pesadumbre de las cosas!

Dejadme esta noche solo retroceder a mi cuna,
ver que la besa y la envuelve un suave rayo de luna;
no me arranqu�is de los ojos una l�grima importuna...
�Dejadme solo esta noche, que la noche est� de luna!

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Books | Photos | Paul Mutton | Tue 17th Feb 2026, 9:02