Parnaso Filipino by Eduardo Martin de la Camara


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Page 39

El espacio es cristal; fulge y ondula
cual la cuerda de un arpa estremecida,
y mientras m�s el t�rmino se azula,
m�s bellos son los sue�os de la vida.

�So�ar! �Vivir...! So�ar bajo las ca�as
y vivir a su sombra eternamente,
sin sentir esas penas tan extra�as
que ensombrecen el alma lentamente.

So�ar que el coraz�n es siempre joven
y que esa juventud es una gloria,
sin cuitas que en el v�rtigo nos roben
lo m�s caro escondido en la memoria.

So�ar as� es so�ar de color rosa;
vivir as� es vivir en pleno idilio;
es tener en el alma, en vez de prosa,
una �gloga admirable de Virgilio...

�Oh, dulces soledades campesinas!
�Oh, refugio de amor de los ca�ales...!
Tan s�lo all� las almas filipinas
consiguen olvidar todos sus males.

All� se escucha la palabra santa,
la dulce voz de la querida tierra,
esa que llora, y regenera, y canta,
y en s� las notas de lo grande encierra.

All� todas las almas se expansionan
y se abren al amor los corazones,
y hasta las frentes tristes se coronan
con flores, muy abiertas, de ilusiones.

All�, por un milagro, se ensimisma
el alma de la patria con la nuestra,
y all� la vemos, bajo el propio prisma,
dentro del coraz�n como maestra...

�So�ar! �Vivir! �So�ar all� a la sombra,
con la vista clavada en el celaje,
que cuanto se contempla y aun se nombra
es filipino todo en el paisaje...!

Eso es so�ar triunfando de la pena
y mover con la fe hasta las monta�as.
�Oh, dejadme so�ar en mi hada buena
a la sombra piadosa de las ca�as...!


FANTASIA CARNAVALESCA

Y cruzaban, y cruzaban sobre el lomo verdinegro
del antiguo Pasig[23], todas
las espl�ndidas y gr�ciles, las espl�ndidas pagodas
como notas fugitivas y triunfantes de un alegro,
fusionando con las odas, con los ecos de las odas
que exhalaban de sus labios,
parecidos a sublimes instrumentos
de invisibles gnomos sabios,
los esp�ritus acu�ticos y las diosas de los vientos.
Y cruzaban las pagodas,
y cruzaban las pagodas cual visi�n de mil colores,
como regias invitadas a las bodas
de la luz de las estrellas y el aroma de las flores.
Y eran flores, flores bellas,
las que m�rbidas, y esbeltas, y rientes,
arrastraban al claror de las estrellas
y al sollozo de las aguas somnolentes,
sus disfraces de princesas,
de princesas refulgentes
y de hist�ricas marquesas,
con magn�ficas diademas y con t�nicas crujientes.

[Nota 23: R�o caudaloso que nace en la Laguna de Bay y cruza la
capital del Archipi�lago, donde vierte al mar.]

..................................................
Ya arribaron todas, todas,
con sus p�rticos y fl�mulas y sus globos de escarlata:
ya arribaron las pagodas...
Las pagodas han tocado la marm�rea escalinata
del palacio del Gran Hombre
de mort�fera sonrisa, y cuyo nombre
lo repiten la corriente de las aguas y los vientos en sus odas
y en los fl�biles arpegios de su eterna serenata.
Ya est�n quietas las pagodas, ya est�n quietas
cual quel�nidos fosf�ricos
que han plegado sus aletas,
escindidas en las ramas de los bosques madrep�ricos.
Ya las flores van brotando, flores bellas,
flores m�rbidas, rientes,
que recogen, al claror de las estrellas
y al murmullo de las ondas balbucientes,
los cendales de sus p�talos divinos,
y las nieblas de sus t�nicas crujientes
empapadas en la gama de color de los ardientes
paisajes filipinos.
Los volt�icos van vertiendo con sus �nforas de plata
raudales diamantinos,
y en la l�mina del agua y en la breve escalinata,
la luz blanca va escribiendo mil ensue�os peregrinos,
mil curiosas historietas
de mundanas e inocentes, de galanes y poetas,
y de flores, y de flores
que vibraron entre r�fagas inquietas
de los cierzos destructores,
y murieron en un v�rtigo de amores,
reposando todas, todas,
al igual de las gloriosas, las espl�ndidas pagodas,
que se aduermen, que est�n quietas
como saurios gigantescos, cual quel�nidos fosf�ricos
que han plegado sus aletas
desgarradas en las puntas de los bancos madrep�ricos.
..................................................
Est� lleno el gran palacio. En los f�lgidos salones
los disfraces van bailando
y ondulando,
al comp�s de locos valses y corteses rigodones.
Est� lleno el gran palacio. Los voltaicos sinfonizan
un poema de alas blancas y eucar�sticos jazmines,
mientras mugen los trombones,
mientras miman los violines
con sus mimos que electrizan,
y rotundos bordonean los pastosos violoncelos
unas m�sicas de ensue�o que la mente narcotizan
como un opio de los cielos,
y derraman los oboes
la armon�a voluptuosa del amor y del idilio
que recuerda bellas p�ginas del gran Longo y de Virgilio,
�bellas p�ginas so�adas en la H�lade y el Lacio,
tierra azul de las ideas!
con sus Dafnis y sus Cloes,
con sus T�tiros agrestes y sus lindas Galateas...
�Est� lleno el gran palacio!
Y se agitan los disfraces en tumulto pintoresco,
y fascinan con sus ropas,
con sus ropas policr�micas, con su rostro pierrotesco,
y entre r�pidas volutas del furioso torbellino,
burbujea efervescente, hasta el borde de las copas
delicadas y sonoras, la alegr�a del buen vino.
Las parejas se entrelazan,
las parejas sudorosas se entrelazan en la fiesta,
como ramas de mil �rboles que se funden y se abrazan;
y a los sones de la orquesta,
que acaricia con sus flautas, sus oboes y violines,
los sede�os zapatitos y los n�tidos botines
van trazando nuevas vueltas y espirales,
nuevas curvas ideales
a la luz de los voltaicos semejantes a jazmines,
a jazmines de florestas siderales,
de corolas luminosas, de pistilos colosales,
mientras sobre el lomo ingente del gran Pasig verdinegro,
las pagodas todas, todas,
las hier�ticas pagodas,
se fastidian y bostezan, envidiosas del alegro,
las fant�sticas pagodas.
..................................................
Ya amanece. Ya el sol bello pontifica en el espacio,

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Books | Photos | Paul Mutton | Mon 16th Feb 2026, 17:43