Parnaso Filipino by Eduardo Martin de la Camara


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Page 38

Palpita en tus entra�as, arde en tu suelo
la �urea y candente lava de los volcanes;
sierpes de escamas �gneas hienden tu cielo
cuando ruedan crujiendo los huracanes.

Ondulando en el �ter, sobre los campos,
despliega la neblina su blanco tul,
y la apol�nea antorcha, con vivos lampos,
arrebola del cielo la veste azul.

En la c�spide esbelta de las monta�as,
donde el �guila altiva trenza su nido,
mecidas por la brisa sue�an las ca�as
con la inflexi�n de un hondo fl�bil quejido.

A impulsos de la savia de su energ�a,
agitan las palmeras sus verdes plumas;
mientras all�, en la selva fresca y sombr�a,
van flotando calladas las densas brumas.

Como al�geras flores de oro y zafiro
llevadas por el h�lito de auras sutiles,
los insectos se esparcen con manso giro
a libar la ambros�a de los pensiles.

Desde la agreste cumbre, suelta, hervorosa,
su penacho de linfas la catarata:
en �l dibuja el iris su franja hermosa,
que el lago en sus cristales despu�s retrata.

Por tu atm�sfera v�rgen, urna de aromas,
donde sus r�seos labios la aurora imprime,
vuelan y se acarician blancas palomas,
suspirando de amores himno sublime.

Y cuando por las tardes el sol desmaya
sobre olas de esmeralda su frente roja,
ni�as de tez morena van a la playa
a recoger las conchas que el mar arroja.

Son dulces y mimosas como las hadas,
rutilan en su rostro ojos traviesos,
y hay caricias eternas en sus miradas,
y hay un fuego divino que arde en sus besos.

Asidas de la mano, suelto el cabello,
cruzan nuestras praderas siempre inmarchitas,
ostentando en su gr�cil, flexible cuello,
perfumados collares de sampaguitas.

Y en la paz de los bosques, en donde vuela
el c�firo de mayo vertiendo olores,
con los ritmos dolientes de una vihuela
mezclan la voz sin mancha de sus amores.

........................................

�Patria! �Patria bendita, ramo de flores,
que besan con sus ondas los roncos mares!
Ya que fuiste la cuna de mis amores,
�Oh! s� tambi�n la tumba de mis pesares.

Noviembre 1898.


BAJO LAS CA�AS

Solemne y honda la mudez del campo;
c�lido el aire, el t�rmino azuloso...
Todo vibra de gloria bajo el lampo
de un sol que es siempre, cual Apolo, hermoso.

En el bochorno de la tarde estiva,
sue�a la flor y duerme hasta la idea.
S�lo aparece como mancha viva,
all� en lo alto, la llama que caldea.

Silencio y paz... El �nico sonido
que el ambiente volc�nico desgarra,
lo da, bajo el ramaje florecido,
con su m�sica agreste, la cigarra.

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Books | Photos | Paul Mutton | Mon 16th Feb 2026, 15:47