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Page 24
Septiembre, 1915.
BLASON
Al ver los oros tenues de tu encaje,
tu lino de eucar�stica blancura,
quiero curar mi hidalga desventura
encarcelado en la prisi�n de un traje.
Tal que mis potros es mi amor salvaje;
pero, en mi sed de cl�sica aventura,
yo deshojo una flor a la hermosura
y la rindo perpetuo vasallaje.
Ya se que afirmas que no sabes c�mo
el ciego impulso de mis potros domo;
pero perdona si a mi vez te arguyo.
Que este mi amor es impetuosa fiera
que s�lo una mujer domar pudiera
con un mirar celeste como el tuyo.
MI ADIOS A ILOILO
Antes de abandonarte, ciudad maravillosa,
que ungiste de alegr�as mi peregrinaci�n,
quiero dejar prendida en tu escudo una rosa,
que yo he santificado ante el altar de Ot�n.
La nave lleva al bardo. Pero en la silenciosa
l�grima que yo vierto, queda mi coraz�n;
y el noble ilongo amigo, como la ilonga hermosa,
vivir�n por los siglos dentro de mi canci�n.
M�s alto que el _kanuyos_ cerni�ndose en los montes
mi alma tender� el vuelo a extra�os horizontes,
cantando de los pueblos el himno redentor;
Pero, as� bramen vientos y se refosquen cielos,
hacia estas islas sacras retornar� sus vuelos,
�como el ave que vuelve a su nidal de amor!
Abril, 1920.
CASTIDAD
Mujer, �te acuerdas? Con la sien ca�da,
en tu palor marm�reo de azucena,
t� desle�as, como un alma buena,
todo el rosal de una ilusi�n perdida.
Aquella tarde fu�. No s� si herida
en la ra�z de tu virtud serena,
mi audacia f�cil a�adi� otra pena
al calvario de penas de tu vida.
Llorabas y re�as. De tu boca,
rojo nidal de sierpes del deseo,
flu�an en suspiros mil encantos...
--�Qu� loco eres!--dijiste. Y yo, �qu� loca!--
Pero en medio de tanto devaneo,
--�lo recuerdas a�n?--fuimos dos santos.
Julio, 1920.
ESPA�A EN FILIPINAS
I
La dulce Hija, postr�ndose de hinojos,
dice a la Madre, a tiempo que sus ojos
leve cendal de l�grimas empa�a:--
Dios ha dispuesto el t�rmino del plazo
y ya es la hora de romper el lazo
que nos uni� tres siglos, �Madre Espa�a!
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