Parnaso Filipino by Eduardo Martin de la Camara


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Page 150

Al fin, el tes�n desmaya
de su brava resistencia
y las enemigas turbas
guarecense en la floresta,
de mortal pavor transidas,
arrastradas y dispersas,
como al rugir de los vientos
las p�lidas hojas muertas,
cumpli�ndose la de Hernando
a Am�bar brava promesa.

Tras de ellos los espa�oles,
con bien escasa prudencia,
prosiguiendo la victoria
van a la espesura negra,
y de los contrarios muertos
dificultando la cuenta
es cruel carnicer�a
la que fu� funci�n de guerra,
y es angustioso lamento
lo que fu� rugir de fieras.

Apaga la luz del d�a
de humo negro nube espesa;
r�sganla voraces llamas
incendiando la ancha esfera,
que a los deslumbrados ojos
miente tempestad horrenda,
y aquella sangre, que ba�a
monte y llano por doquiera,
parece la roja lluvia
de aquella nube bermeja.

La morada del cacique
y las vecinas viviendas
de los indios principales,
son s�lo incendiaria tea
a cuyo contacto el bosque
se inflama en gigante hoguera,
de la victoria de Espa�a
solemnizando la fiesta;
pero pronto aquella lumbre,
breves momentos risue�a,
lo mismo que de las hojas
hace del placer pavesas,
y es antorcha funeraria
que alumbra con llama t�trica,
la realidad espantosa
de las humanas miserias...!

Seguido de algunos pocos
soldados, con marcha presta
Hernando de Magallanes,
siguiendo angosta vereda,
adelanta sin recelo,
ni cuidar de que la senda
se prolonga entre dos vallas
de impenetrables malezas,
cuando una lanza traidora
salida de entre las bre�as,
r�pida, pujante, aguda
como acerada saeta,
sin que su poder resista
la coraza milanesa,
de peto, espaldar y entra�as
desmiente la fortaleza,
y del pecho del caudillo
lanza el alma gigantesca;
veda el color al semblante
la savia de sus arterias
apareciendo en las armas
el carm�n que al rostro niega;
cae el acero de sus manos,
alza una mirada inmensa
al cielo, ruge, desmaya,
y, cual coloso de piedra,
cuando a plomo se derrumba
hace trepidar la tierra....

Ac�denle los soldados
con est�ril diligencia;
no salen los espa�oles
de la terrible sorpresa
vanas son las esperanzas;
sola su desdicha es cierta;
�no le tornan a la vida
juramentos ni querellas...!

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Books | Photos | Paul Mutton | Thu 26th Feb 2026, 9:53