Parnaso Filipino by Eduardo Martin de la Camara


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Page 88

Mi sangre tiene un alma que es alma de titanes.
Sangre de Solimanes
corre por sus arterias, que siempre latir�n.
Tiene el pecho templado al fragor de la guerra.
Bajo sus pies de atleta se estremece la tierra,
porque enciende sus nervios la flama de un volc�n.

Es tricolor su ense�a. Tiene el azul del Arte,
la blancura del lirio y la rojez de Marte,
por tres timbres gloriosos de su ilustre blas�n.
Sonr�e, si la hiere la silbante metralla.
Es su so�ada gloria caer en la batalla,
teniendo por sudario su santo pabell�n.

Es suave como el ritmo de las flautas buc�licas,
que ensaya dulcemente en notas melanc�licas,
entre las verdes ca�as, la brisa vesperal.
Fuerte, como el _tamarao_[30] de las selvas malayas,
como el caim�n enorme que custodia sus playas,
cual las eternas fr�guas del Apo y del Taal.

[Nota 30: Carabao "cimarr�n", originario de la isla, de Mindoro,
imposible de domesticar, y muy fiero.]

Escala cubiertas cumbres, conquista hondos abismos,
jam�s sucumbe en lucha contra los despotismos
del extra�o poder.
Se lanza cantando himnos a la tumba enemiga,
el ideal por gladio y por triple loriga
la gloria de su patria, el honor y el deber.

Es s�lfide ligera de fant�sticos vuelos,
virgen como sus selvas, azul como sus cielos,
cicl�n en los combates y c�firo en la paz.
Tiene furias de trueno y trinos de canario.
Oveja, m�s no teme al le�n sanguinario;
paloma, m�s no huye del �guila rapaz.

Sabe pulsar la c�tara con melodioso acento,
l�gubre como un cisne, triste como un lamento
si se siente morir.
Sabe pulsar la c�tara en arpegios bullentes,
como del _champagne_ rubios los topacios hirvientes,
cuando su pecho embriaga la dicha del vivir.

Suspiran sus cantares las campi�as de flores,
las brisas de la sierra, los alegres rumores
del bosque tropical;
la lluvia que desciende en perlas diminutas,
los oros del crep�sculo, las sombras de las grutas
y el �pico tumulto del fiero vendaval.

El alma de mi raza tiene ensue�os rom�nticos;
calma sus pesadumbres con amorosos c�nticos,
en id�licas noches, bajo un claro fulgor.
Sonr�e cuando mira la pensativa luna
rielar sobre las ondas de una inquieta laguna,
fingiendo dulce calma, ahogando su dolor.

Sonr�e cuando escucha, en la blanca ma�ana,
los acordes de un canto que un p�jaro desgrana
en las frondas de un bosque virgen de humano pie.
Sonr�e, aunque padece, cuando triste vislumbra
del muriente crep�sculo en la leve penumbra
los recuerdos lejanos de un imperio que fu�.

Es r�o que serpea bajo ca�averales,
copiando en el encanto de sus claros cristales
la azul inmensidad;
pero es tambi�n oceano que derrumba monta�as
cuando, en el seno obscuro de sus vastas entra�as,
hieren iras volc�nicas su sed de libertad.

El alma filipina es tierna en sus amores,
profunda en sus tormentos, serena en sus dolores,
ardiente en su pasi�n.
Si le es grata la vida y son sus sue�os de oro,
hay en su boca rosa cual p�fanos en coro,
de risas argentinas eterna floraci�n.

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Books | Photos | Paul Mutton | Fri 20th Feb 2026, 18:40