Parnaso Filipino by Eduardo Martin de la Camara


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Page 74

Enero, 1920.




Nedruda (Esteban)

Consagrado al periodismo, es ahora redactor de "El Debate". Antes lo
fu� de "La Vanguardia".


ANHELOS

Quiero los cantares que miman al alma,
las tiernas endechas que saben a miel,
los trinos del ave de la noche en calma
y el aroma suave que esparce el vergel.

Quiero las caricias de la fresca aurora
sentir en la frente al amanecer,
y en los labios rojos de la diosa Flora
libar tiernos besos que embriaguen mi ser.

Quiero de la brisa el blando murmurio
en campos y valles pl�cido escuchar,
y de la sibila el feliz augurio
de glorias y triunfos de mi patrio lar.

Quiero luz, colores, vida, miel, aroma,
pues tengo en mi pecho una eterna sed
que mi alma atormenta cual una carcoma
y de las tristezas me pone a merced.

Y quiero en mi rostro sentir de los vientos
�sculos ardientes que sepan de amor,
y en mi mente loca tejer pensamientos
tan bellos que halaguen mi alma, mi alma en flor.

Porque necesito decirme a m� mismo
que el dolor no existe, que es pura ilusi�n,
que s�lo germina el laudable altru�smo
de todos los hombres en el coraz�n.

Que todo es ameno, que todo es de rosa,
que es palabra vana la fatalidad,
que ninguna pena mi pecho destroza
y que no es amarga la realidad.

Porque hay que enga�arse si el alma queremos
que no se deshaga en girones mil,
y siempre pensemos y siempre forjemos
que nunca se mueren las rosas de Abril.

Ya que nuestro mundo lleno est� de abrojos,
vilezas y enga�os que causan horror,
un cristal de rosa pondr� ante mis ojos
porque todo sea de hermoso color.

Por eso yo adoro del sol los fulgores,
y busco en los ritmos el grato solaz,
y alfombro mi senda con versos y flores
para hacer m�s dulce la vida fugaz.


MEDITACION

Segado por el viento de un hurac�n furioso
desciende al fr�o suelo el c�liz de una flor:
tal de los desenga�os al sopolo venenoso
fugaz se desvanece un sue�o encantador.

El r�o solitario, cruzando las malezas,
en su �spero camino tropieza sin cesar,
y en vez de alegres odas murmura sus tristezas:
tal navegan los hombres de la vida en el mar.

Un d�a contemplaba en viejo campanario
la ligera veleta de su eterno girar,
y pens� que es veleta el hombre en su calvario
que gira sin descanso en constante penar.

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Books | Photos | Paul Mutton | Thu 19th Feb 2026, 14:49