Parnaso Filipino by Eduardo Martin de la Camara


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Page 49

�Oh delicia! �oh amor del humilde pensil
donde el alma sinti� la pasi�n de so�ar
y, en el giro fugaz de las auras, gustar
el olor celestial de las rosas de Abril
y el dulzor juvenil de un anhelo de amar!

Est� abierto el jard�n. Venid todos a �l
los que ansi�is suspirar besuqueando una flor,
los que, en vez de llorar, teng�is hambre de amor
al sonr�s, al fulgor, al olor, a la miel
de una bella emoci�n. �El jard�n est� en flor!

Entrad todos, entrad. El antiguo jard�n
s�lo os pide otra vez, por su nueva eclosi�n,
que teng�is para �l una eterna canci�n,
una voz de querer, un esp�ritu af�n
y una sed de habitar con la Reina Ilusi�n.

El vivir es el _hoy_; nadie sabe el _despu�s_:
�a qu� tristes vivir, a qu� solos vagar
sin un lazo de uni�n que nos pueda estrechar
y, aunque herida la sien y maltrechos los pi�s,
nos d� amor de vivir, de so�ar y cantar?

Est� abierto el jard�n... �C�mo invita su olor
a subir al azul y olvidar el fangal,
lo que tiene de vil nuestra arcilla mortal,
lo que pone en la miel de la vida un sabor
parecido al cruel de las "flores del mal".

Coraz�n, emoci�n, ala leve y sutil,
tenlos siempre, oh var�n, y t� siempre, oh mujer,
y ambos siempre tendr�is, con las rosas de Abril,
entre risas de sol, un rinc�n de pensil
en que a solas oir el volar de un querer.

Este mar del vivir es muy fiero; este mar
tiene a veces un s�n de alarido de horror,
y quien oiga esa voz y no sepa enso�ar,
ante la ola sabr� cu�n amargo es llorar
por el alma sin luz y la vida sin flor.

Luz y flor las ver�is en el nuevo jard�n
cuya fronda es de paz, cuyo ambiente es cordial;
unas veces dir� su quimera un viol�n
y otras veces de amor, Chaminade y Chop�n,
en el clave dir�n la sonata inmortal.

Vibrar� su cristal una voz de mujer
como un �ay! de pasi�n o un suspiro de Abril,
y el poeta alzar�, fresca, gaya y gentil,
su canci�n al amor, a la vida, al placer,
y entre todos har�n un ed�n del pensil.

�Oh delicia! �oh amor del tranquilo jard�n
donde el alma sinti� la pasi�n de so�ar
y, en el vuelo fugaz de la brisa, escuchar
la quejumbre sutil de un celeste viol�n
o el latido inicial de un anhelo de amar!

Entrad todos, entrad. El antiguo jard�n
s�lo os pide esta vez, por su nueva eclosi�n,
que teng�is para �l una bella canci�n,
una voz de querer, un esp�ritu af�n
y una sed de morir por la Reina Ilusi�n.

Julio, 1913.


LAS DOS HOCES

I

Parece la fragua el ojo cerrado
de un muerto tit�n,
y el yunque parece un pico en silencio
de un ave anormal.
En un negro rinc�n duerme el mazo
que otros d�as batiera el metal...
�C�mo duele esta paz de la fragua!
�C�mo duele esta paz!

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Books | Photos | Paul Mutton | Tue 17th Feb 2026, 14:30