Parnaso Filipino by Eduardo Martin de la Camara


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Page 147

Lloraremos la alegr�a,
reiremos indiferentes
los enojos.
Y agot�ranse alg�n dia
tus suspiros y las fuentes
de mis ojos.

Yo te dar� mis canciones;
t� la voz que en mi ser deja
dulce calma;
yo mis versos, t� tus sones;
yo un �ay! triste, t� una queja,
�yo mi alma...!


ROMANCERO FILIPINO

XV

Regalo son de los ojos,
haci�ndolas menos densas
y bordando de la noche
las misteriosas tinieblas:
un luminoso suspiro
de la luna macilenta;
�del astro que lejos muere
la despedida postrera!
la luz temblorosa y pura
de mil millares de estrellas
que errantes chispas encienden
sobre las ondas serenas;
huyendo de los esquifes,
murmur�ndoles sus quejas,
fosforescentes espumas
por irritadas m�s bellas;
nieve, pur�sima nieve,
dormida en las aguas quedas
y que azoran, de los remos,
las sacudidas violentas:
destellos que multiplican
las armas de los cincuenta
que van a M�ctan, del R�gulo
a vengar la grave ofensa,
y que en la costa enemiga
marcaran, antes, sus huellas,
de que las nocturnas sombras
avergonzadas por feas,
se escondan viendo del alba
la blanca faz hechicera.
Avanzan como los vientos
las navecillas ligeras,
y presto en M�ctan embisten
de la playa las arenas:
Hernando de Magallanes
dict� consigna severa
y desembarcan los bravos
de sombras con apariencias;
porque tal es el silencio,
que no se mueve una lengua
ni para alzar sus ruidos
tienen las armas licencia,
y de los mismos esquifes
enmudecen las maderas
y hasta las olas acallan
el rumor de la marea;
que las �rdenes de Hernando
no quieren desobediencias...!
Es todo inutil; al punto
se oyen las voces aquellas
agudas, desapacibles,
que repetidas se alejan
lo mismo que las del eco
volando de sierra en sierra,
con las que anuncian los indios,
habiendo ocurrido apenas
la cautelosa llegada
de la falange extranjera;
mostrando con sus aullidos
y con vivir tan alerta,
que nunca abrigaron duda,
antes tuvieron certeza
de que los de Espa�a ir�an
a castigar la insolencia
del altanero cacique;
sin afligirles m�s pena
que no poder de los tiempos
quebrantar la ley suprema,
acelerando las horas,
para sus ansias tan lentas!
que han de aguardar impacientes
antes de lavar su afrenta.

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Books | Photos | Paul Mutton | Thu 26th Feb 2026, 4:29