Parnaso Filipino by Eduardo Martin de la Camara


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Page 140

Hijo de catalanes, naci� en Valladolid (1879), y muy ni�o le llevaron
sus padres a Filipinas, donde ha morado alrededor de treinta a�os.
Curs� el bachillerato en el Ateneo municipal de Manila. All� naci� su
afici�n al arte literario, componiendo versos desde la adolescencia.
Antes de cumplir los veinte a�os, fund� y dirigi� en Manila "El
soldado espa�ol", luego "La Uni�n Ib�rica" y m�s tarde el diario "El
Noticiero de Manila". Fund� despu�s la revista "Cultura Filipina", y
fu� redactor jefe de "El Mercantil". Volviendo a Espa�a hace pocos
a�os, se estableci� en Barcelona, donde dirige ahora "La Veu de
Catalunya".


ASPIRACI�N

En esas horas de inefable calma,
cuando las nubes, al morir, colora
el rojo sol, y estremecida el alma
inquiere, meditando, so�adora,
ese tenaz misterio de la vida
que engendra de la duda roedora
la imagen maldecida...
�cu�ntas veces, del mar en la presencia,
y escuchando su m�sica salvaje,
cre�a, entre el rumor del oleaje,
los gritos percibir de la conciencia!

Cuando vencido el pensamiento gime
y la raz�n ya vacilante calla;
con �mpetu sublime,
que no s� si condena o si redime,
la idea en luces de color estalla.

Con suave arrullo o con feroz empuje,
como la lira acaso del poeta,
el mar, o canta o ruje,
y en su canci�n o en su rugido inquieta
finge la mente del absorto vate
recuerdos de un ayer que va pasando,
de su lira en las cuerdas evocando
los "gritos del combate".

Casi olvidado de la humana escoria,
de amor henchido el coraz�n ardiente
y mintiendo los nimbos de la gloria
en la marchita frente,
del bardo las hermosas ilusiones
inventan, en el mundo, el para�so...
�Fant�sticas ficciones!
Piadoso Dios, para humillarle, quiso
que el mar, con estridente carcajada,
hiciera resurgir en su memoria
todo el recuerdo de la duda odiada,
trasunto de su historia.

Y despu�s, con desprecio,
en la augusta agon�a de la tarde,
se r�e el hombre de su orgullo necio
que quiso hacer de indiferencia alarde,
pues mientras vive, lucha, y es al cabo,
C�sar potente o miserable esclavo,
lidiador en la vida, aun el cobarde.
Siempre el mortal, en su inquietud batalla;
y m�rtir o verdugo,
vencido o vencedor, en la lid halla
lauro esplendente o vergonzoso yugo.

Mas no calma el infinito anhelo
de la idea rebelde o redentora;
si se apagan los astros en el cielo,
la luz presiente de la nueva aurora.

Por eso, el alma m�a,
para llenar ese vac�o horrible,
a otras regiones ascender ans�a...
mas �ay! �ser� posible?


EVOCACI�N

�Porqu�, cuando la noche perezosa
envuelve la ciudad en el misterio,
as� me atrae la olvidada fosa,
perdida en un rinc�n del cementerio?

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Books | Photos | Paul Mutton | Wed 25th Feb 2026, 7:49