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Page 130
No m�s la languidez de su semblante,
ni su busto arrogante,
en sus espejos copiar�n los r�os;
Ni la ver�n ci�endo su alba frente
de sampagas, al brillo refulgente
de sus ojos obscuros y sombr�os.
Bella mujer, que en los felices d�as,
como la flor que aroma los vergeles,
endulzaras la vida con las mieles
de tus eternas y mansas alegr�as;
Dieron solaz las dulces melod�as
de tu garganta a los proscriptos fieles,
y goz� la fragancia de claveles
que de tu dulce cuerpo desped�as.
Acaso tu recuerdo pronto muera;
pero tu tumba de mi patria amada
seguir� cobijando la bandera,
mientras luzca en lugar tranquilo y quieto,
a merced de los vientos desplegada,
la leyenda triunfal de mi soneto.
C�raves (Tom�s)
Monta��s, de Cabu�rniga, donde naci� en 1864. Licenciado en Derecho y
Filosof�a y Letras. Residi� en Manila muchos a�os, ejerciendo la
abogac�a. Fu� catedr�tico de Derecho Penal en la Universidad de Santo
Tom�s. Ocup� altos cargos administrativos. Colabor� en los principales
peri�dicos de Manila, singularmente en el "Diario". Regres� de all�
hacia 1898. Vive ahora en Alcal� de Henares.
TOTA PULCHRA ES MARIA
"_El Se�or me posey� desde el principio"_
(PROV. VIII, 23).
Dadme canoras aves la armon�a
que en cascada sonora
surge del fondo de la selva umbr�a,
cuando el naciente d�a
fresco roc�o en las campi�as llora.
Dame, arroyuelo cristalino y manso,
el suave murmurar de tu corriente,
de espuma matizada en el remanso.
Pr�stame inquieto mar tu voz potente,
vosotras auras el susurro ledo
que vibra en los cristales de la fuente.
La fe su inspiraci�n hija del cielo;
las cuerdas del laud su melod�a,
la cristiana oraci�n su grato anhelo
y sus cantos la hermosa poes�a
que busca a Dios, cuando remonta el vuelo.
Fanales suspendidos en la altura,
alborada magn�fica de Mayo
rival eterna de la noche obscura,
pr�stame de tu luz v�vido rayo.
Envuelta en densa bruma
no sabe a donde va la mente inquieta;
dale tu luz al alma del poeta,
tus tintas a su pluma.
Cantar quiero a Mar�a Inmaculada,
aquel primer momento
en que al surgir de la impalpable nada,
tuvo lugar el sin igual portento.
Del pasado primero el vaho aleve,
no empa�� un solo instante su pureza
semejante a la nieve
que del Alpe se posa en la cabeza.
�Mirad! All� en su frente,
la alborada riente
de sus tintas los haces amontona,
ci��ndola esplendente
y sin rival magn�fica corona.
�Ved!... a sus bellos ojos
asoma el rosicler de la ma�ana
y son sus labios rojos
envidia de la grana.
Las clavellinas que de ingente roca
nacen en la hendidura,
envidian los perfumes de su boca,
y el marfil de sus dientes la blancura.
De su albo cuello en el contorno vago
algo incorp�reo, inmaterial se extiende...
�Es el cisne del lago!
�Es la paloma que el espacio hiende!
Es Mar�a, la c�ndida doncella,
orgullo de Si�n, la que escogida
fu� del Se�or para encarnar en ella,
La que de Sol vestida
con sus divinos pies los astros huella.
La matrona valiente
que de la astuta y p�rfida serpiente
quebrant� la cabeza con su planta,
es la Madre de un Dios omnipotente
a quien absorto el Universo canta.
Es Mar�a, la egida y el amparo
del que en la tierra infortunado llora;
y es en el mar el encendido faro
enmedio de tormenta aterradora.
La que invoca el marino en sus azares,
cuando el azote de hurac�n violento,
las olas de los mares,
amenazan trepar al firmamento.
Entonces �ay! es ella
quien al revuelto mar dice:--�Detente!
la que apaga el rumor del oleaje
y hace que el Sol magn�fico, esplendente,
rompa del nubarr�n el denso encaje.
Es ella, quien a raya
pone al viento y amansa sus rigores;
aliento del que m�sero desmaya
y quien conduce a la distante playa
las barcas de los pobres pescadores.
Con labio balbuciente y vivo anhelo
"�Dios te salve, Mar�a!"
en la cuna te dice el peque�uelo:
sal�date el anciano
que harto ya de luchar con el destino,
apoyo busca en tu segura mano.
�Mas que mucho, Se�ora,
que el hombre de quien eres bienhechora
su gratitud te ofrezca y, sus amores...?
tambi�n del Sol los m�gicos fulgores
te rinden homenaje
y te saluda el mar con sus rumores,
con su aroma las flores,
las aves con su canto en el follaje.
La Creaci�n entera a ti rendida
himnos en tu loor, creyente, lanza,
que eres, al par que aliento de su vida,
el puerto en lo inmortal de su esperanza.
�Dios te salve, Mar�a!
lirio de Nazaret, blanca azucena,
bendito im�n de la esperanza m�a!
Escucha la plegaria del poeta
que a cantar se atrevi� tu gran Misterio,
que antes cantara el arpa del profeta,
del �ngel el salterio...
Mas disculpa, Se�ora, mi osad�a
si me atrev� a llegar a tu grandeza.
�Qu� madre no perdona una flaqueza...!
�Perdona, Madre m�a!
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